Carta de Cuaresma del Presidente de la Agrupación

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Queridos hermanos, hermanas y cofrades:

Recibid un fraternal saludo de Paz y Bien.

Parece increíble lo rápido que vuelven a llegar estos días que tanto significan para todos nosotros. La Cuaresma se nos presenta de nuevo como ese tiempo de calma, reflexión y mirada sincera hacia dentro, donde el Señor nos invita a reencontrarnos con Él desde la sencillez, la humildad y la oración. No importa cuántos años pasen, siempre tiene algo nuevo que decirnos.

En estas semanas, nuestras casas de hermandad vuelven a llenarse de ese ajetreo tan nuestro: la limpieza de enseres, la preparación de túnicas, los cultos, la cera, los montajes de altares, las veneraciones, los carteles, los ensayos, las reuniones… Toda esa actividad callada y a la vez intensa que nace del cariño y la devoción a nuestros Titulares. Es bonito ver cómo, año tras año, seguimos cuidando nuestra Semana Mayor con la misma ilusión del primer día.

Pero ya sabéis que siempre me gusta recordar algo: todo esto no tiene sentido si no va acompañado del corazón.

No basta con preparar los pasos; hemos de preparar también el alma.

La Iglesia, en esta Cuaresma, vuelve a invitarnos simplemente a lo esencial: a caminar hacia Cristo y dejarnos transformar por Él. No hay celebraciones extraordinarias este año, ni motivos especiales más allá del más importante de todos: Él vuelve a entregarse por nosotros. Y eso basta.

Por eso, quiero invitaros a vivir estos días con verdadera hondura cristiana:

La Eucaristía. Pongámosla en el centro. Ella sostiene todo lo que hacemos como cofrades.

La Formación. Nunca dejemos de crecer en la fe. Una hermandad formada es una hermandad fuerte.

La Caridad. El Señor nos lo dice claro: “Lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”. No hace falta que nadie nos vea, porque quien tiene que verlo, lo ve.

En estos tiempos tan difíciles para tantos, no olvidemos a los que sufren: los enfermos, los solos, los que no tienen esperanza, los que buscan la paz en medio de tanta violencia en el mundo. Que nuestras oraciones y nuestros gestos —por pequeños que sean— lleven consuelo y luz donde haga falta.

Y, como siempre recuerdo, nuestro compromiso no termina cuando acaba la Semana Santa. Cristo no se queda guardado en un almacén cuando se recogen los pasos. Él sigue ahí, esperándonos cada día.

La Agrupación seguirá apoyando, acompañando y animando a todas las hermandades en este camino compartido: los cirios, los cultos, los costaleros, los penitentes, los músicos, las camareras, los hermanos mayores, los grupos jóvenes, los que trabajan en silencio… Todo forma parte de un solo latido, el latido de la Iglesia.

Hermanos, vivamos esta Cuaresma con fe, con serenidad y con alegría; que cada gesto tenga el sabor de Cristo, y que nuestra Semana Mayor vuelva a tocar corazones, empezando por los nuestros.

Me despido deseándoos una Cuaresma plena y recordándoos, como siempre, que por encima de todo…

SOMOS IGLESIA.

Un abrazo en el Señor y en María Santísima.

José Rafael Soto Matías

Presidente

Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería